Desde El Jueves 25 de Agosto “Piro pláticas”.

La obra está compuesta por tres cuadros de un metro por 70 centímetros. Técnica mixta.

Autor Railef Soto C.

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El nombre de la obra que nos presenta Railef Soto C. tiene relación directa con sus materiales: particularmente, por la presencia protagónica de varios palos de fósforos que intervienen sobre otros materiales, también inflamables: madera, bajadas de cama de lana, spray y óleo.

El autor pone en relieve las citas a obras de grandes artistas, transitando entre la subversión de la parodia y la recreación respetuosa del homenaje. Se alude directamente a la pintura de Van Gogh (tanto a “Dormitorio de Arles” como al relato impresionista de lo cotidiano identificado al artista) y al ready- made. Ambas tienen conquistado su lugar historiográfico como obras rupturistas, que abrieron debates y cuestionamientos en el arte.  En la obra de Railef  reaparecen en otro material y soporte, friccionando su pequeño incendio: buscar la épica de la ruptura en un contexto tan doméstico como son los fósforos y reproducciones -nunca son sólo “reproducciones”- de obras reconocibles.

Los materiales protagonistas pertenecen al mundo de lo ya hecho, son objetos habitantes del mundo ordinario y común, son productos comerciales que salen de una fábrica en grandes series para ser consumidos y utilizados en la vida cotidiana, deudores de una doble vida: la técnica -qué más claro que el fuego para demarcar el campo de la ciencia- y lo artesanal, siendo propios del trabajo escolar y el desvanecerse de los días. Tanto los fósforos como los baja cama son puestos en conflicto con su valor de uso y  pero que utilizados por este autor en esta composición y expuestos en este espacio de arte renacen con un propósito artístico. Así como Duchamp, Railef descontextualiza primero y luego recontextualiza: tanto las obras como los materiales reúnen arte y vida; la historia y lo cotidiano, valores escindidos sólo por los prejuicios.

La bajada de cama, por otro lado, es otro pequeño universo. La lana es suave al tacto, lana da calidez, abrigo y tiene como fin limpiar y dejar afuera lo del exterior. Pero también va en la otra dirección: es la prolongación del sueño, la atenuación momentánea de la realidad, la prolongación del espacio sin historia que son los sueños. Pide continuar con el calor de la cama, recibe el primer paso del día. Marca la frontera de ese lugar donde los saberes aprendidos se funden con lo simbólico: entrada y salida de la razón. Como también lo es el fuego.

En el “dormitorio de Arlés” Van Gogh nos ofrece nuevas perspectivas técnicas (hay uso maestro y científico del color, hay textura, hay líneas y dibujo marcado); pero además hay historia, un relato de vida, de deseos, de representación. Ese afán biográfico es explícito en la obra de Railef.  Su declaración es sutil al plantear el encuentro entre artista y artesano, exponiendo el debate de la creatividad del artista y del verdadero arte. Ahí podríamos rastrear el lugar preponderante que reserva el artista a la línea de fósforos que marca y concreta las formas del urinario y de la habitación. Hay una deuda a demostrar en el trazo y su continuidad, interrumpida sólo en unos momentos con el uso del fosforo quemado, ese que ya fue utilizado y que cumplió su función. Quizás acá podríamos rastrear, también, una lectura paródica: ya fueron, ya brillaron. Toda posibilidad de reconstruir ese relato pasa por los fracasos de la ciencia humana, de la cadena de fracasos seguida tras el robo del fuego.

La otra obra corresponde a un autoretrato donde las facciones son dibujadas por estas mismas contradicciones. Son diferentes caras para diferentes argumentos, discutiendo sobre arte en un soporte igual de múltiple: hacia un lado podría ser una viñeta de historieta, a la que nos remite el atril encerrado en un globo casi de cómic; mientras a la derecha del espectador, el grito se dibuja entre lo que podría ser un grabado helénico. Mientras en un hemisferio tenemos serpientes que petrifican, al otro se multiplican las caras (otra alusión a las figuras simbólicas clásicas: el hombre doble, el doppelganger). Entremedio, el eje de una corbata tratando de mantener en algún lugar a nuestro termocéfalo protagonista.

Ante la combustión de los grandes relatos, el autor nos expone a la conversación doméstica. Al diálogo entre lo consciente e inconsciente y la duda entre lo que se cree y lo que se piensa. Las últimas sombras que nos forman como personajes o personalidades complejas: residuos de lo que vimos y recordamos. Ahí están: en la bajada de cama, en los fósforos descartados, donde terminan los sueños y empiezan los días sin historia.