Desde el 16 de Diciembre hasta el 31 de enero

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Técnica: Tríptico de óleo sobre escombros de masisa enchapada de melamina

Formato: 146 x 70 cms

de Alberto Marín

Alberto Marín presenta la obra “La espera en casa y el lago”, creada específicamente para ser expuesta en Galería Origami. Su trabajo se compone de tres piezas de madera: dos de ellos fueron extraídos entre los restos de una casa de la región del Maule, destruida tras el terremoto del 27 de febrero de 2010; el tercero fue recuperado desde una cabaña, aledaña a un lago cerca de la localidad de Iloca. Sobre estas piezas, una pintura en óleo traza la representación de una de las mediaguas que reparte el gobierno chileno para la reconstrucción. El aluminio que brilla en esas murallas, explica el artista, al frente en la pintura, marca la paradoja de los “forros” repartidos con posterioridad, como para remediar -sin éxito- el error de un material incapaz de proteger a sus habitantes de las obviedades de su contexto sureño: la lluvia, el frío, e inclusos los modos de vida que exigen más metros.

Entre los muchos conflictos que “La espera en casa y el lago” ofrece al espectador, está el problema entre creatividad y naturaleza. Podemos situar la creatividad en el momento que el artista se sobrecoge y crea a partir de la naturaleza, hechos o sucesos de ésta. Acá, la creación trata con un material ya existente (la madera) facturada industrialmente por el hombre, desde una materia prima básica (la madera), todo esto deslocalizado por la naturaleza y nuevamente intervenido por un artista. La intervención -ya sea por voluntad o procesos industriales- siempre está en el margen de la precariedad, y es en esa característica en que la obra encuentra su conexión con esta galería, con el espacio de Origami.

El autor nos ofrece una obra más allá de la mirada. El óleo de la figura se dispone sobre tres trozos de material vinculado obligatoriamente a la desgracia, que conservan las marcas empíricas de acá no hubo creación. Hubo destrucción en las localidades desde donde el material fue recuperado. Hay humedad modificando el material, hay bordes masticados y desprendidos que concluyen en la irregularidad del plano de la pintura. Incluso está presente la evidencia de una mancha de agua que participa de la composición, acusando el origen de una de las piezas. Y cuando advertimos esas características, la obra de arte crea cierta fricción con su marco de realidad. ¿Qué es lo que estamos presenciando?, ¿creación (del arte) o destrucción (de la naturaleza)? Por supuesto, existe una tercera vía: la naturaleza no es posible de contener dentro de un esquema dialéctico ni se resiste a preguntas cerradas. La naturaleza, a la vez que se funde con el arte por voluntad humana, separa todo lo humano con un impulso que no se puede humanizar.

Esta historia de dolor -la de los pueblos inundados, de las casas destruidas, de los héroes, de los muertos- la vimos una y otra vez en el lienzo del espectáculo mediático, trazando otro intento por encontrar “lo humano” en el acontecimiento e integrar lo inexplicable a un esquema conocido. La perturbación y la sorpresa se integran y desaparecen paulatinamente dentro del libreto conocido de la desgracia mediática. “La espera en la casa y el lago”, en cambio, fija ese momento de destrucción, optando por la vía opuesta a lo espectacular. El trozo de masisa no es un souvenir del acontecimiento. El autor (conciente de la operación selectiva que le antecede) desarma el símbolo que encontró entre los escombros y le entrega su singularidad, realizando su propio esfuerzo de reconstrucción sobre una superficie que tiene una historia previa grabada en la superficie, como una matriz inidentificable. Esta intervención es la acción de arte y no podemos prescindir de ninguna de las etapas descritas. Ni el terremoto, ni el desencaje de la realidad, ni la búsqueda, ni la intervención, ni la exhibición.

Y así podemos añadir otra opción de respuesta al problema trazado. La opción que en este caso, corresponde al autor: rehacer el lugar y el material. Decíamos que la obra tiene denominación de origen: cuando se sitúa en la galería Origami, Marín está vinculando la descontextualización de una galería de arte en un espacio comercial con la descontextualización del soporte de “La espera en casa y el lago”. Esto tiende una asociación sobre lo precario: los espacios del arte condicionados a aprovecharse del espacio a la mano y la destrucción que deja todo a la intemperie. Y, junto a todo, la reconstrucción que existe solamente como hipótesis.

Marcos Moraga

Periodista

 

Sitio web del artista:  http://albertomarincastro.blogspot.com/