La artista Ana María Jaque Cruz muestra parte de su colección

“DEL NATURAL”

Desde el  Lunes 6 de septiembre hasta el 6 de octubre

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“Esta muestra consiste en una selección de obras denominada Del Natural, que se desarrolla en la técnica de grabado al aguafuerte; nace de la observación y reflexión en torno a la figura humana y de nuestro paisaje natural, con el lenguaje de la línea se construye el juego de formas y  transparencias que definen la imagen en la dualidad del blanco y negro”.

JAQUECRUZ

Sitio en internet de la artista: www.jaquecruz.cl

La artista Jaque Cruz nos presenta cinco grabados en la técnica del aguafuerte: “Bote en la playa” (12,5 x 11 centímetros), “El vuelo” (17,5 x 14 cms.), “Mujer con turbante” (12 x 10,5 cms.), “Cerro de La Cruz” (17,5 x 14 cms.) y “Puerto de Valparaíso” (17,5 x 15 cms.). Todos pertenecen a la exposición “Del natural”, que desde ya hace explícita una de las constantes que reúne a estas obras: son “del” natural porque operan como una extracción intencionada de lo que conforma ese paisaje confuso del presente. Un relato que respeta y quiere la forma natural -la línea del rostro, un insecto, un árbol coronando el cerro-, pero que desde ahí comienza su propio viaje, bien lejos del costumbrismo y siempre escéptico con las rupturas de todo tipo.

Acá, la técnica y su dominio hacen evidente cómo el arte no puede reducirse a un esquema: la herramienta nunca es solamente una herramienta. La técnica de estos grabados es parte del contenido, se funde en el mismo plano en que vive la mariposa o justo ahí también donde los niños se equilibran en un bote. Las líneas, dice Jaque Cruz, son su lenguaje principal: su entramado funciona como interpretación y resulta suficiente para la elaboración de una geometría siempre orgánica, meticulosa en los detalles, que una vez conquistada la forma externa -el árbol, el paisaje, su luz, sus dimensiones- distribuye las marcas de su propia realidad para encontrar su visión. La tinta fluye por trazos tranquilos, a un ritmo calmo, en sincronía con estas visiones sin tiempo. Y no tiene nada que ver con la pasividad: el manejo de tonos medios, de los niveles que habitan este rango entre el blanco y el negro absoluto, de la profundidad y la fuerza, hablan de una técnica compleja, exhaustiva, hábil, que desde esa destreza, emprende su búsqueda hacia imágenes cercanas.

Incluso en la manifestación icónica de la modernidad presente en la bahía de Valparaíso, el lugar de privilegio está reservado para las lanchas y su flotar. Las lanchas están mucho más cómodas en un espacio emotivo, anacrónico, que se despliega sobre una técnica deudora, -pero no exclusiva- de cierta memoria literaria, que nos recuerdan a esas representaciones que ocupaban las páginas de la colección “Clásicos” de Sopena, revestida de un humanismo más interesado por los tesoros cotidianos que la gran épica a las cuales servían esos grabados. Porque ahí, en la vida cotidiana, habita todo lo que sobrevive a la historia. Como un par de niños colgados a un bote, o la evolución inscrita en las alas de una mariposa: lo natural que persiste entre las complicaciones que acumula nuestro presente.

-Marcos Moraga L. Periodista.